Habitualmente el caudal para el domingo suele ser el ecológico a 25m3/s, con lo cual funciona el rulo pero la bajada desde Cequeliños a Arbo es un coñazo, sin sitios para jugar y con calados escasos en algunas zonas. Si no llega a ser por que hace tiempo que no veo a Rober ni me planteado el viaje.

De camino al embarcadero ya me encontré con los dos interfectos, nos saludamos, comprobamos que el río estaba en ecológico, nos cambiamos y nos apañamos para meter todo el material dentro de la furgo de Peteiro. Parecíamos unos “chachos” los tres apretujados delante y la “fregoneta” hasta los topes :)

Cuando llegamos al pié de río me doy cuenta que me había dejado los escarpines arriba en la furgo, por no volver a subir decidí entrar sin ellos aun a sabiendas de que iba acabar con laceraciones en los pies.
Empezamos el descenso tranquilos disfrutando del agua caliente y parando a jugar en algún que otro chorro de corriente y rulos que aparecieron durante el trayecto.

A mitad de recorrido, no reconocía el río, había rulos y trenes de olas nuevos, faltaban sequeras, etc. En principio pensé que había cambiado el lecho, ya que este invierno han turbinado fuerte en Frieira, pero al llegar a siete picos me di cuenta de que estaban empezando a turbinar a 125m3/s. Hacía años que no pillaba este tramo a ese caudal y casi no me recordaba de la ola que se formaba en este paso. Además al coincidir con la subida de caudal la ola era muy rápida y estable. Peteiro tras una primera entrada decidió dedicarse al noble arte de la fotografía. Mientras que Rober y yo nos fuimos alternando entrando en la ola. Quedarse dentro no era fácil ya que a la mínima te podías salir por los laterales. Además yo estoy acostumbrado a fuerza del mar y aquí había que retropalear a tiempo para no irse fuera tras el blunt.


Estuvimos bastante tiempo e incluso intercambié la NRG con la ZG 48 de Rober. Esta me gustó, es muy distinta a la NRG menos nerviosa, muy rápida, fácil y estable en la vertical. Lo único que me chocó fue la posición de las piernas ya que estoy acostumbrado a ir más “abierto de piernas”. Dentro de la ola había que vigilar la proa ya que por velocidad la piragua tendía a quedarse en el valle de la ola (esto no es un defecto, si no más bien una virtud a la que no estoy acostumbrado).

En cuanto Peteiro acabó la tarjeta de la cámara (como quién no quiere la cosa disparó 100 fotos) se animó a entrar de nuevo a la ola ya que esta había cambiado perdiendo un poco de verticalidad y empezando a romper de forma cíclica.

Proseguimos hasta el embarcadero sin los agobios que supone este tramo con poco agua ;) y dejando algún que otro rocksplash en el último cañón antes del desembarco. Una vez fuera del agua, Rober y yo subimos a la gasolinera a por unos refrescos mientras Peteiro vigilaba el material.

Tras el refrigerio proseguimos hasta la ola que estaba en un punto muy interesante. La primera formaba un valle profundo (eso sí, sin espuma arriba) mientras que la segunda se adecuaba más para buscar figuras. Por desgracia el caudal se estabilizó rápido y nos quedamos el spot en su forma tradicional.

Cuando estábamos totalmente exhaustos emprendimos el remonte que no estuvo exento de anécdotas ya que yo me olvidé de poner el tapón en uno de los porteos y si no es por Rober hubiese protagonizado la segunda parte del Titanic :D

Ya de vuelta en el embarcadero estuvimos charlando y todos coincidimos en que era extraño que no hubiésemos encontrado a otros piragüeros en el río. Yo supongo que los habituales (Teixugos y compañía) prefieren el park and play que ofrece el rulo antes que complicarse con navettes y demás parafernalia del descenso.
Salu2
PD: Peteiro, gracias por ejercer de reportero gráfico ;)
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