Se veía venir, ya el año pasado sin comerlo ni beberlo tanto Domen como Cristian tuvieron que aguantar todo tipo de improperios por parte de un energúmeno en la playa de Pantín. En su caso la bronca era injustificada ya que ambos son más que respetuosos con el medio ambiente además de mostrar en todo momento una educación de la cual carecía el individuo en cuestión.
Sin embargo, hay que reconocer que lo que está pasando en el aparcamiento y alrededores de esta playa empieza a ser sangrante; autocaravanas formando corros al más puro estilo salvaje oeste, vaciados de depósitos de aguas residuales, gente lavándose con jabón en las duchas cuando no fregando los cacharros por no hablar de la saturación del único servicio existente en la playa lo que hace que mucha gente vaya a hacer sus necesidades al pinar, con el consiguiente problema que acarrea que toda la zona esté llena de excrementos. Este año se ha llegado al punto de plantar tiendas de campaña en pleno aparcamiento por estar el pinar saturado.
Vistos los antecedentes era de esperar que algún día se montara la gorda y eso pasó ayer por la noche. Cuando llegué a la playa me encontré con el ambiente caldeado, ya que por un aparcamiento hubo una discusión entre un local y un “visitante” la escalada de violencia pasó de las palabras a los empujones y de ahí a que el pajarraco de la caravana saliera blandiendo un cuchillo de cocina. Por suerte los ánimos se calmaron como para que la cosa no fuera a más y a Jack el Destripador se le instó para que abandonara la playa por su propia seguridad.
Personalmente, me parece una locura el exhibir un arma blanca en una situación como esta más teniendo en cuenta que hay niños por los alrededores. Por suerte ambas autocaravanas implicadas en la reyerta pusieron tierra de por medio evitando el que se formara una turba que se los hubiese llevado por delante. Aunque hubo un aviso a la Guardia Civil esta, como casi siempre, no se dignó a presentarse.
Cuando ya parecía que las aguas volvían a su cauce una barbacoa en el pinar volvió a desatar tempestades, más teniendo en cuenta como está Galiza con los incendios forestales. El aviso a las autoridades en este caso fue más fructífero y la policia local se presentó obligando a que se apagara el fuego. Mientras tanto en el aparcamiento en uno de los corrales de furgos germanas empezaron a traer leña para encender otra fogata; fue la gota que colmó el vaso, los locales empezaron a gritarles y los arios tuvieron la feliz idea de sacar una videocámara para grabar el esperpento. Antes de que se armara la de San Quintín decidí bajar junto a los germanos para hablar con ellos e intentar calmar a ambos bandos. Aunque mi alemán “bajo presión” pierde enteros ellos comprendieron mi explicación y se comprometieron con pasar a un modus videndi más cívico.
La policia local hizo acto de presencia en el aparcamiento y a pesar de proceder con el desalojo de los freecampers a alguno de los locales se le fue un poco la pinza incordiándolos. Estuve un rato charlando con ambos policías los cuales reconocían que se veían desbordados, en verano, ante la avalancha de gente y que poco podían hacer. Les comenté que era injusto que a cualquier español se nos recete por la mínima, mientras que extranjeros acampados libremente, dejando en muchas ocasiones todo lleno de mierda, se vayan de rositas.
Finalmente la situación se fue calmando y la gente se dispersó. Esto no quita que en unos días a la mínima se vuelva a montar follón en dicha playa.
Reflexionando sobre el tema, creo que hay gente que tiene mucho morro. Una cosa es quedarse una noche “de paso” acampando libremente, siempre con el más escrupuloso respeto al medio ambiente y otra muy distinta es echarse un par de meses clavado en el mismo sitio, ensuciándolo todo y molestando. Creo que si tienes dinero para pillarte el último grito en autocaravanas también puedes irte a un camping que puede ofrecerte los servicios que necesitas. Hay que mencionar la gente que sabe estar, por ejemplo, una pareja de franceses que tras fregar los cacharros vaciaban la tina en el váter, o la gente que procuraba aparcar en la parte trasera del aparcamiento para no entorpecer el acceso a la playa.
Salu2
martes, agosto 15, 2006
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