viernes, noviembre 03, 2006

El Sor de secano

Por desgracia se nos ha plantado un puñetero anticiclón encima y llevamos unos días con sol y calor lo que ha producido una espectacular bajada en los caudales de los ríos.

Aprovechando que este primero de noviembre es festivo quedamos Carlos, Thomas y yo para dejarnos caer por el tramo clásico del Sor. Como el creeker lo tengo en casa de mis padres tuve que volverle a pedir la Microbat a José Miguel. La verdad es que no contábamos con agua y el tramo se hubiese podido bajar sin mayores problemas con un playboat pero ante la perspectiva de los remansos finales y sobre todo el riesgo a llevarme un punterazo me decanté por el empleo de la Micro. Carlos con problemas en la baca de su coche decidió bajar con su ZG.

A pesar de llegar todos antes de la hora prevista al punto de reunión, tardamos bastante tiempo en meternos al río ya que decidimos buscar un desembarque anterior al tradicional con el fin de ahorrarnos unos cuantos kilómetros de poco interés a caudales bajos. Dicho desembarque es en el puente conocido como Ponte do Porto, señalizado desde la carretera principal.

Tras subir los barcos a mí coche nos fuimos al embarque donde Carlos comprobó que el rulillo de la presa no tenía calado para jugar. El nivel estaba medio metro por debajo del habitual lo que nos avisaba de un descenso marcado por piedras.


No hay rulo que se le resista :)

Unas cuantas rampas de escasa dificultad y zonas sembradas de “peroulos” sirvieron a modo de calentamiento hasta llegar a la primera rotura un poco más seria que da inicio al cañón de Augas Caídas.


¿Slalom?


Calentándose

La llegada al quinto volvió a marcar un porteo general, aunque yo lo estuve mirando bastante y creo que verlo sin agua me ha aclarado cuales son las opciones para afrontarlo. De todas formas es un paso guarro, malo de asegurar con una horrible hucha refubante y socavada, a la que lleva irremediablemente la vena de agua. A la hora de portearla yo embarqué un poco más arriba que mis compis, chicleando a la derecha del agujero antes mencionado.


Trekking lastrado

Después de este paso viene una larga rampa con desnivel que a caudales normales es de lo más mantenida pero así no era más que una sucesión de escalones separados de pequeños remansos. Cerca del final hay una ruptura más fuerte en la cual tras franquear un rulo había que girar bruscamente a la izquierda para evitar una roca y afrontar un saltito. Yo me llevé una sorpresa al candeletearme la Microbat y Carlos directamente optó por esquivar la piedra por la derecha tras que le indicásemos que era una ruta menos comprometida.


¡Lo bien que chiclea la Microbat!

Una buena poza nos separaba del siguiente paso, el cual tras una rampa se ve seguido de una presa natural abierta en su extremo izquierdo, una gran roca al final de dicha apertura obliga a un giro cerrado y el enfrentarse a un rebufo sin velocidad. Con más agua esta vía se vuelve muy peligrosa por la formación de un rulo inmenso habiendo la opción de saltar la grada por un escape que en esta ocasión caía a piedra. El paso me tocó abrirlo a mí. Una vez que entré en la rampa ya tuve que anticipar el giro para esquivar la roca y pasar el rebufillo. A la salida me despiste y acabé varado encima de una gran losa de piedra donde esperé a que viniera Carlos. Este fallo el giro y acabó frenando contra la piedra pero sin mayores consecuencias. El Germany, por no variar, lo hizo de cine. De todas formas a ver quién se anima a hacerlo por ese sitio con agua ;)


La entrada del paso…


…y la salida, poco estilosa, de Carlos

Solo una rampa nos separa desde aquí al fin de las “hostilidades”, tocó bajarse de la piragua para explorar el paso. Tuvimos que portear una zona con piedras ya que no había forma de pasar sin darse algún golpe, para afrontar por el extremo izquierdo una rampa que normalmente hacemos saltando por encima de una gran piedra que hay en la derecha (cosas de navegar sin agua).


Thomas castigando las piedras ;)

A partir de aquí y hasta el desembarco se fueron sucediendo pasos fáciles con remansos que crecían en tamaño a medida que se perdía el desnivel.

Llegados al puente Thomas se buscó una salida alternativa mientras que Carlos y yo lo hicimos por el camino que hay nada más pasar el puente a la izquierda.

Mientras comimos aprovechamos para ver la multitud de fotos que había hecho Thomas con su nueva cámara estanca. Por desgracia la ausencia de luz debido al cielo cubierto unido a la falta de modos manuales de la Optio WPi hizo que muchas de las fotos salieran movidas, por no hablar de las puñeteras gotas o el vaho que también estropearon algunas instantáneas. De todas formas este tipo de cámara dan mucho juego ya que no suponen el engorro de las cámaras tradicionales.

Bueno seguiremos rezando al díos de la lluvia para que se repitan las precipitaciones de las pasadas semanas.

Salu2