miércoles, noviembre 01, 2006

Regreso al Mítico

Este fin de semana pasado y aún con la resaca de las últimas lluvias estaba claro que tocaría río. Mí idea era hacer el Ulla de Portodemouros ya que el embalse está turbinando debido a que no pueden pasar del 60% de capacidad del mismo por cierto problema estructural. Tras hablarlo con Luís decidí cambiar de destino ya que al parecer la nueva minicentral que hay en ese tramo puede provocar dificultades. Por suerte a Carlos se le ocurrió ir al mítico que no habíamos navegado el año pasado debido a la falta de agua.

La cadena de llamadas hizo que nos congregásemos Peteiro, Manuel, José Miguel y yo. Además de las mujeres y niños de algunos de los anteriormente mencionados. Las chicas tuvieron a bien hacernos la navette, lo cual nos permitió entrar sin muchas dilaciones al río.

El nivel era adecuado, lo suficiente para no ir tocando en todas las piedras ni una locura para Celso que era la primera vez que hacía este tramo. Alguna presa para chiclear y rapidillos entrecortados por remansos es el aperitivo antes de que los pasos se animen en esta sección del Ulla. La primera ruptura entretenida es una grada longitudinal con una piedra piramidal al final, ideal para el rocksplash. Celso pasó como una “instalación”, saltándose la contra y abriendo el paso :)

Aunque este tramo no tiene ningún rulo u ola definitivo, sí que presenta cierto potencial de juego bien sea haciendo rocksplashs, candeletas o alguna que otra surfeada. Además el excelente tiempo se prestaba para remojarse.

La llegada a la “Pena do muíño” marcó una parada obligatoria. El paso en cuestión es bastante guarro, no siendo recomendable hacerlo con piraguas de rodeo. Manuel se tiró por una “Chicken Way” que se forma en una ruptura del canal de deriva del molino. El resto lo porteamos, más que nada por no castigar inútilmente los fondos de las piraguas.


Chicken Way

Lo mejor es que ahora Celso sabe lo que es un buen rebufo natural ya que para salir del paso se pasa cerca de uno ;)


Rebufillo juguetón

En esta segunda mitad el río nos regala una buena sucesión de rampas y escalones que ascienden al tercer grado, regado con un buen caudal de agua. Las risas aparecieron al franquear el paso que se forma por un escalón un poco más alto que los demás y que a su salida tiene una extraña ola de reacción que vuelca al palista incauto. En este paso, hace unos años, Juan nos sorprendió a todos tras esquimotar al séptimo intento. Esta vez los reos fueron Celso y José Miguel, este último con serios problemas para enderezar la Twintip ya que la corriente se le subía por encima y lo puteaba (es lo que tiene el bajar con piragua de rodeo).

El postre lo pone un salto de unos dos metros, que debido a su “joroba” inicial dificulta el chiclear. Un rebufete simpaticón y la cercanía de una pared vertical, que puede provocar más de una sorpresa, hace de este paso un cuarto. Mientras que José Miguel y Manuel montaban seguridad y sacaban fotos, el resto nos fuimos tirando por el paso.


Esperando al posible interfecto

A Celso casi se le sale el corazón ya que es la primera vez que hace algo así y eso que a él no le candeleteó el kayak como a mí. Segurata y fotógrafo decidieron no hacer el paso y se reunieron con nosotros, para dar un par de paladas y meternos ya en la cola del embalse.


¡¡Qué susto más grande…!!

Antes de desembarcar tuvimos que cruzar por un montón de trozos de madera y otras “mierdas” diversas que había arrastrado la última crecida. Hablando de mierda este río tiene un olorcillo sospechoso debido a los purines que suelen soltar en los prados lindantes los agricultores. A ver cuando la administración empezará a tomar cartas en el asunto :(

Una vez fuera del agua, cambiados y cargados los cinco kayaks en la furgo todos comentábamos que era la primera vez que íbamos llegar a una hora decente a la pulpada, pero los chacras negativos del río nos la jugaron, la baca delantera se salió del sitio por el peso y tras pelear una hora para acomodar los kayaks no nos quedó más remedio que dejarlos medio camuflados tras un talud mientras nos fuimos a comer.


Preludio al Caos de la baca

La comida, cómo siempre en Melide, de lujo y llena de anécdotas. Destacando la reforma del local que por una parte pierde su encanto al mismo tiempo que las telarañas :D

Sobra decir que cuando regresamos a por los kayaks, estos seguían donde los habíamos dejado; aunque alguno del grupo ya se temía de que estuviesen sirviendo de abrevaderos para el abundante ganado vacuno de la zona :D

Salu2