sábado, julio 28, 2007

Descenso veraniego

Si me hubiesen dicho hace un par de años que se podría bajar un río de régimen pluvial en pleno mes de Julio como mínimo me hubiese escojonado. Pero mira tú por dónde, bien sea debido al cambio climático, al niño, a la niña o a la alineación planetaria el domingo por la noche las nubes descargaron la nada despreciable cantidad de 35 litros por metro cuadrado.

A media mañana del lunes ya estaba liando a Celso para hacer algún río, en principio se nos apetecía el Sor pero al ser coto salmonero la podíamos armar y no es plan que por una escapadita nos prohíban de por vida el descenso del que probablemente es uno de los ríos más lindos del norte de Galicia.

Como la única alternativa que quedaba era el Belelle nos juntamos un grupo cinco formado por Celso, Pepe, Juan, Joaquín y yo en un local de Xubia donde tras ver que el río iba algo escaso decidimos tomarnos unos cafés. Tras vaguear un poco en el bar, iniciamos la peregrinación de coches entre desembarque y embarque.

La bajada la iniciamos en la minicentral, donde Juan se prodigó a ofrecer un lamentable espectáculo bajando como un “rolling stone” los primeros metros de río, todo ello ante la gente que se encontraba paseando por la zona. Pasada la fase de calentamiento (cada uno a su manera) llegamos a la zona más interesante del río donde una sucesión de pasitos con mucha maniobra hacían que la dificultad se estableciese entorno al tercer grado. Joaquín, se comió un vuelco en un pequeño desnivel donde un cruce de corrientes obligaba a hilar un poco más fino.

A la altura de Barcia se nos unió Pepe que no acababa de ver claro el tramo anterior. A partir de aquí el río pierde mucha continuidad y los pasos se van espaciando a medida que pierden desnivel y dificultad. Para mí el río en estas circunstancias era un río totalmente distinto ya que la otra vez que lo bajara iba por las nubes. De todas formas había alguna que otra sorpresa agradable como el doble salto que aun falto de caudal da juego.

Juego lo ofreció Joaquín buscando el peligro de forma innecesaria, al tirarse por debajo de más de una rama que había en el cauce.

El descenso no dio mucho más de sí, salvo una parada en un chorro de corriente para hacer cuatro cartwheels. Sigo pensando que este tipo de ríos a pesar de su baja graduación se deberían bajar con una piragua de descenso y no con la de rodeo ya que además de no presentar spots para jugar tienen muchas piedras a flor de agua con lo cual los toques y roces son inevitables, siendo un castigo innecesario para los escasos espesores de plástico de las piraguas de juego.

En resumen, se agradeció el bajar un río que no sea el Ulla o el Miño en verano, pena de que desaguase tan rápido y que nosotros tardásemos tanto en entrar al mismo. Como se presenten más ocasiones como estas tendremos que pedir permisos en el trabajo para cogerlo con el caudal adecuado ;)

Salu2