Así que el viernes y tras el ya habitual madrugón puse rumbo a Padrón donde dejé mi coche para proseguir el viaje con Luís. Sobre las doce, llegada a Arbo, lugar donde Natxo ya nos esperaba, al haber pernoctado allí con su flamante furgo (chaval a ver cuando se te ve un detalle y me regalas una igual). Iñaki no tardó en aparecer, acompañado de un amigote suyo llamado Gaspar.

Como sé que a Gaspar le molan las fotos ;)
A Luís le parecía que el río iba demasiado alto, así que llamamos a Frieira para preguntar por el caudal, la voz al otro lado de la línea nos informó que estaban produciendo lo mínimo; unos 25 MW, lo cual tras hacer complejas operaciones, transformada Z incluida vienen a ser los míticos 125 m3/s. Un caudal decente para bajar desde Cequeliños hasta Arbo.
El habitual vía crucis de cambio de ropas y navette antes de acabar todos en el río. Este como siempre alterna pasos con mucho volumen de agua pero escasa graduación (C. II) quitando el conocido siete picos, en el cual nos dimos cuenta que había más caudal, o sea que en la central habían abierto el grifo. Sin la ola de dicho paso tiramos algo más apurados para abajo.
Llegados a Arbo, decidimos bajar hasta la ola y aunque yo pensaba que no habría nada, nos encontramos con una segunda ola muy rápida. Al principio nos costó a todos mucho entrar pero a medida que le íbamos pillando el tranquillo nos fuimos quedando dentro más y más. Por desgracia el caudal empezó a bajar y la ola volvió a la configuración habitual.
De todas formas en medio de un montón de vuelcos salieron algunos blunts decentes. El personal se fue cansando y se decidió emprender la retirada remontando el río. Personalmente me hubiese gustado quedarme más tiempo pero entiendo que para los que se habían ido para la orilla podía resultar un coñazo permanecer esperando allí.
Tras embarcar, pasado el primer porteo Gaspar se quedó atrás y yo me quedé con él ya que se le veía un poco achicado. Cuando llegamos al segundo porteo yo tiré delante suponiendo que me seguía. Justo cuando había bajado del kayak oímos una especie de silbido, pero Iñaki que estaba en lo alto de unas piedras nos comentó que debía ser una garza. Por suerte se asomó y me apuró para que volviese al agua ya que la piragua de Gaspar navegaba sin tripulación. Embarqué a toda prisa y tras un par de paladas me encontré al interfecto agarrado a una marmita con la piragua y la pala. Tras rescatar el material a base de remolque con el cowtail me fui a por el naufragado, no por compañerismo si no porque últimamente los ecologistas están algo alterados y aunque un palista a la larga es biodegradable, su equipación no. El motivo final es que habiendo nadador siempre hay cervezas pagas ;)
De todas formas la nadada de Gaspar reza a una pequeña entrada en pánico lo que vulgarmente se conoce como “irse por la pata abajo” tras volcar haciendo el back y acabar chapado contra un pequeño drosaje que ser forma en dicha pared. Quizás un cambio de lado en el esquimo le hubiese ahorrado el mal trago, pero los sustos te los llevas cuando menos te los esperas y siendo sincero no tengo nada claro como hubiese reaccionado yo en la misma situación cuando notas que la pala empieza a golpear piedra y no te das colocado para el esquimo.
Pasado el porteo que queda acabamos en el embarcadero de Arbo donde charlamos con la gente de Ciudad Rodrigo que se hallaba también en el río, aunque entrenando en piraguas de descenso y slalom.
La jornada la rematamos con unos bocatones en el Vila donde Gaspar insistió en pagar todo, sin lograrlo ya que pasamos todos por el tradicional escote. Coño, si me llega a pagar la comida me daría remordimientos ponerlo “podre” en este blog ;)
El sábado, tocó descanso piragüero provocado por un lado por trabajos atrasados (mi furgo pedía a gritos unas horas de atención además el visitar a mis padres también implica echar una mano en casa) y por el otro el prepararse para la bruta predicción de mar de fondo de diez metros que anunciaban para el domingo.
Llegados ya al último día del puente la despedida no podía ser otra que en el magnífico y raro spot del Pedrido. Justo en la punta opuesta de Arbo, en la costa norte de Galicia. Una ola de fondo de ría que necesita más de siete metros de mar de fondo para que empiece a aparecer.
Cuando llegué al puerto de Miño, punto de reunión establecido ya estaban Celso y Joaquín, Juan Carlos, Fabián y Pepe se nos unirían más adelante.
Juan Carlos y yo las pasamos putas para embarcar en una calita fuera del dique de abrigo pero al final dimos hecho, aunque yo tuve que vaciar, por pillarme la serie antes de que pudiera poner el cubre.
Las primeras olas las intentamos pillar a la altura del puerto pero venían tan distanciadas, para romper en un punto indeterminado y perder fuerza, que finalmente decidimos movernos hacia el Pedrido propiamente dicho. Como bien pudimos comprobar in situ, la predicción no se cumplió y por la mañana la mar de fondo no alcanzó más allá de los ocho metros en mar abierta como bien reflejan los datos recogidos por la boya de Sisargas:

Fuente: Puertos del Estado
Allí por fin pudimos disfrutar de unas olas de lujo y de un remonte durísimo en contra de la marea. El único inconveniente a mayores de la corriente era la presencia de dos pajarracos con motos de agua, que siempre te hacen estar alerta no vaya a ser que te lleven por delante.
La vuelta al muelle fue todo un suplicio en contra de la corriente y el desembarque también tuvo su aquel con las olas rompiendo contra los muros de los diques del puerto y haciendo todo tipo de extraños.
Curiosamente, tras cambiarnos, pudimos observar como la mar iba in crescendo y las líneas de olas entraban cada vez más grandes y ordenadas. Por la tarde supongo que aquello sería la leche pero cuando no puede ser no puede ser :(
Lástima que durante la semana toque currar, ojalá el maretón se aguante o en su defecto algo más de lluvia para despedir el año con una bajadita de un río de verdad…
Salu2
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