La verdad es que ya teníamos ganas de saber como se desempeñaría este pajarraco en nivel IV. Intentamos liarlo ya en dos ocasiones para meterlo al Sor clásico pero la primera vez el río iba desfasado y la segunda se echó atrás ya que sendas nadadas con una Diablo prestada le minaron la moral.
Ahora con menos agua por fin se apuntó a bajar este bonito tramo del Sor. Lo acompañamos Thomas, José Miguel y yo.
Mientras nos cambiábamos en el desembarco apareció un todoterreno de la Xunta, del cual salió un señor armado con cámara de fotos. Nos acojonamos un poco pensando que sería algún tipo de guardarríos ya que en los rótulos del vehículo se podía leer algo de pesca. Por suerte era un aficionado a la fotografía, vecino de Ferrol y trabajador de la consellería de Pesca e Asuntos Marítimos que le repanpiflaba que bajaramos o no el río.
Tras los meneos habituales para la navette llegamos a Ponte Segade donde tanto José Miguel como el abajo firmante “calentamos” en los distintos columpios del área recreativa ante la atónita mirada de un par de transeúntes.
Una vez en el agua comprobamos que como mínimo el río estaba unos 30 cm. por debajo del nivel “entretenido”. Lo cual auguraba un paseo tranquilo en el cual los pasos quedarían entrecortados por remansos importantes.
Hasta poco antes de la cascada de Augas Caídas la dificultad no llegaba ni al nivel III y salvo algún toque inesperado con piedra todo transcurrió tranquilamente. Este tramo sirvió para que Celso se fuera acostumbrando a tener que anticipar las maniobras ya que la Diablo no tiene nada que ver en este aspecto a su G-Force.
Pasado el salto arriba mencionado el río se anima y pronto hicimos la primera parada para ver un pequeño escalón con un rebufo “de los que llaman” y dos piedras estratégicamente puestas aguas abajo. Todos pasamos sin contratiempos salvo Celso que se quedó parado como si un duende cabroncete le agarrara el asa trasera ;) Por suerte (o desgracia, para nosotros) no lo comió.
El siguiente paso es el de la hucha cabrona. Lo estuvimos mirando un buen rato ya que no había agua suficiente para hacerlo por donde lo había abierto Aitor. Cuando ya prácticamente habíamos decidido portearlo todos, José Miguel cruzó a la otra orilla con la piragua de Thomas y tras mirarlo desde esa perspectiva acabó por encontrar una línea saltando al colchón de la salida del primer rebufo y de ahí a un tobogán muy pegado a un muro de piedra. Celso y yo montamos lo mejor que pudimos la seguridad (si alguien se cae al fondo de la hucha no es fácil sacarlo). Nuestro compañero sorteó sin contratiempos el rulo para finalizar el paso tocando un poco en el muro de piedra. Después de verlo también me animé a hacerlo, le pedí las coderas a José Miguel y lo afronté sin problemas aunque hasta pasar el rulete iba un poco acojonado.
La rampa siguiente se dividía en varias separadas por remansos, lo que en esta ocasión nos permitió navegarlo a vista hasta llegar al paso de la “Chicken Way” que precisamente con poca agua hay que hacerlo por el lado contrario a la escapatoria. José Miguel protagonizó un concierto de maracas al quedar prendido en un rebufo que hay antes de alcanzar la contra del paso. Thomas, como ser maligno que es, inmortalizó el momento en vídeo. En esta ocasión todos hicimos el paso al igual que el siguiente que lleva el camino de quedar bautizado como “El paso de Carlos” (otra maldad del Germany).
De aquí al desembarque el río se abre más de lo habitual aunque sigue siendo disfrutable sobre todo por la gran transparencia de sus aguas.
En la llegada nos sorprendió encontrarnos con un nutrido grupo de senderistas pertenecientes a un club de Ourense con los cuales intercambiamos unas cuantas impresiones.
Finalmente todos nos quedamos sorprendidos con las buenas maneras de Celso ya que a pesar de la falta de agua el río brinda tres pasitos que superan las dificultades a las que está acostumbrado. Ahora solamente le queda hacerse con una piragua apropiada para el descenso y acompañarnos para la temporada que viene.
Thomas, ha hecho un pequeño montaje con el vídeo grabado durante el descenso y lo ha colgado en Youtube, podéis verlo pinchando AQUÍ.
Salu2
martes, marzo 27, 2007
lunes, marzo 19, 2007
Caos en O Baleo
Este fin de semana tocaron olas ya que había tiempo que no me metía en la mar. Con una predicción de dos metros y medio y un fuerte viento nos juntamos en Pantín Joaquín, Celso, Iago y yo. Como en esta playa no se paraba con el viento nos fuimos a Baleo que además de estar muy cerca es abrigada.
Una vez en el agua me di cuenta de que la predicción debía ser errónea porque en primera línea caía un metro más de lo previsto. Esta playa ya es de por sí muy de corrientes pero coincidiendo con las mareas vivas esta era brutal sobre todo en el lado derecho de la playa.
Joaquín, que lleva una temporada un poco pasado de vueltas se fue directamente a primera línea mientras que el resto quedamos en segunda donde las olas ya zurraban de lo lindo.
No debíamos llevar ni un cuarto de hora cuando vimos el balón que nuestro inconsciente compañero surfeando en solitario un espumón. Yo salí por el remonte y desde allí pude comprobar como el interfecto estaba nadando e intentaba llevar la piragua hasta la orilla. Poco a poco nos fuimos acercando a él, escoltándolo en lo que aparentemente sería una nadada corta ya que la marea estaba subiendo y lo escupía velozmente hacia la arena. Pero a unos diez metros del arenal lo enganchó una corriente cruzada y antes de que nos diéramos cuenta estaba pegado a los acantilados y enfilando dirección Irlanda. La única posibilidad era meterlo dentro de una “furna” (cala pequeña con una entrada estrecha que se forma en la roca) antes que saliera a mar abierta. Por desgracia fallamos y Joaquín optó por soltar el material e irse hasta el acantilado. Fue una maniobra arriesga ya que a pesar de que la corriente no dejaba que las olas rompiesen si que se producían subidas y bajadas que podían causar más de un serio problema al nadador.
Una vez que teníamos al náufrago fuera del agua tocaba intentar rescatar el barco que poco a poco iba saliendo hacia los dominios de Neptuno. Conseguimos parar su avance metiéndolo detrás de un pequeño espigón que hacía de “contra”. Joaquín quería que mosquetonease el kayak pero yo tenía claro que era una temeridad ya que estábamos a la altura de la primera línea y lo que menos quería era un revolcón atado a un muerto con cerca de 200 litros de agua. Celso optó por ir al coche a por una cuerda de rescate para ver si lo podíamos sacar desde el acantilado, mientras tanto yo me quedé con la piragua.
Viendo que Celso tardaba decidí intentar meter la piragua hacia el centro de la playa durante las calmadas, para que la serie la fuese acercando a la orilla. Poco a poco lo fui consiguiendo y las espumas empezaron a acercar el kayak hacia el arenal. La llegada a la corriente cruzada volvió a llevarme el kayak hacia los acantilados, pero esta vez estuve más vivo y sí conseguí meterlo en la “furna”. Allí esperaba Joaquín que la vació mientras que Iago le traía la pala, que por cierto tardó lo suyo ya que se pasó de largo la entrada de la "furna" y tuvo que volver paleando contracorriente.
Pasado el susto seguimos pillando olas aunque esquivando los tronchotes más grandes. El coger la ola adecuada era complicado y lo más prudente era estar en la corriente de remonte observando las olas para pillar desde allí las primeras olas “pequeñas” después de la serie. A pesar de estar todo revuelto se vieron figuras de las cuales me quedo con un blunt muy bien ejecutado por nuestro novato del año: Celso. Por mi parte estuve trabajando mi Helix de derechas que últimamente no iba todo lo fino que debiera, a parte de repasar un poco las maniobras ya que en dos meses se oxida uno un montón.
Una vez fuera del agua me tocó a mí darle la charla a Joaquín ya que su temeridad nos pudo amargar el día en caso de que se hubiese hecho daño o (en menor medida) si se hubiese perdido el kayak.
Al final rematamos la sesión con las ya habituales cervezas y con unas cuantas reflexiones en cuanto a seguridad de las cuales quiero haceros partícipes a todos los lectores de este blog:
1º) Aunque a todos nos gustan las olas grandes hay que evaluar como rompen ya que cerrojos como los que caían este día no hay cubre que los aguante.
2º) En caso de nadada y más conociendo la playa hay que procurar anticiparse a las corrientes.
3º) Es preferible pasar dos horas en el agua que acabar estampado contra una roca, por lo tanto no intentar subirse a los acantilados (aunque en esta ocasión saliera bien).
4º) Nadie está libre de una nadada, por lo cual todos deberíamos llevar flotación en el kayak aunque algunos lo consideren poco “pro”.
5º) No mosquetonearse a un kayak lleno de agua en medio de olas potentes salvo querer acabar con él de sombrero.
6º) No entorpecerse unos a otros, dividir el rescate del material. Uno a por la pala otro a por las estibas sueltas (calces, botes estancos, reposapiés y demás chuminadas variadas) y uno o dos que intenten empujar el kayak a la orilla pero siempre con posibilidades de separarse rápidamente de él cuando llegue un espumón.
Espero también que la nadada le haya servido a Joaquín para que se tranquilice un poco y reflexione algo sobre lo que hubiese podido pasar.
Salu2
Una vez en el agua me di cuenta de que la predicción debía ser errónea porque en primera línea caía un metro más de lo previsto. Esta playa ya es de por sí muy de corrientes pero coincidiendo con las mareas vivas esta era brutal sobre todo en el lado derecho de la playa.
Joaquín, que lleva una temporada un poco pasado de vueltas se fue directamente a primera línea mientras que el resto quedamos en segunda donde las olas ya zurraban de lo lindo.
No debíamos llevar ni un cuarto de hora cuando vimos el balón que nuestro inconsciente compañero surfeando en solitario un espumón. Yo salí por el remonte y desde allí pude comprobar como el interfecto estaba nadando e intentaba llevar la piragua hasta la orilla. Poco a poco nos fuimos acercando a él, escoltándolo en lo que aparentemente sería una nadada corta ya que la marea estaba subiendo y lo escupía velozmente hacia la arena. Pero a unos diez metros del arenal lo enganchó una corriente cruzada y antes de que nos diéramos cuenta estaba pegado a los acantilados y enfilando dirección Irlanda. La única posibilidad era meterlo dentro de una “furna” (cala pequeña con una entrada estrecha que se forma en la roca) antes que saliera a mar abierta. Por desgracia fallamos y Joaquín optó por soltar el material e irse hasta el acantilado. Fue una maniobra arriesga ya que a pesar de que la corriente no dejaba que las olas rompiesen si que se producían subidas y bajadas que podían causar más de un serio problema al nadador.
Una vez que teníamos al náufrago fuera del agua tocaba intentar rescatar el barco que poco a poco iba saliendo hacia los dominios de Neptuno. Conseguimos parar su avance metiéndolo detrás de un pequeño espigón que hacía de “contra”. Joaquín quería que mosquetonease el kayak pero yo tenía claro que era una temeridad ya que estábamos a la altura de la primera línea y lo que menos quería era un revolcón atado a un muerto con cerca de 200 litros de agua. Celso optó por ir al coche a por una cuerda de rescate para ver si lo podíamos sacar desde el acantilado, mientras tanto yo me quedé con la piragua.
Viendo que Celso tardaba decidí intentar meter la piragua hacia el centro de la playa durante las calmadas, para que la serie la fuese acercando a la orilla. Poco a poco lo fui consiguiendo y las espumas empezaron a acercar el kayak hacia el arenal. La llegada a la corriente cruzada volvió a llevarme el kayak hacia los acantilados, pero esta vez estuve más vivo y sí conseguí meterlo en la “furna”. Allí esperaba Joaquín que la vació mientras que Iago le traía la pala, que por cierto tardó lo suyo ya que se pasó de largo la entrada de la "furna" y tuvo que volver paleando contracorriente.
Pasado el susto seguimos pillando olas aunque esquivando los tronchotes más grandes. El coger la ola adecuada era complicado y lo más prudente era estar en la corriente de remonte observando las olas para pillar desde allí las primeras olas “pequeñas” después de la serie. A pesar de estar todo revuelto se vieron figuras de las cuales me quedo con un blunt muy bien ejecutado por nuestro novato del año: Celso. Por mi parte estuve trabajando mi Helix de derechas que últimamente no iba todo lo fino que debiera, a parte de repasar un poco las maniobras ya que en dos meses se oxida uno un montón.
Una vez fuera del agua me tocó a mí darle la charla a Joaquín ya que su temeridad nos pudo amargar el día en caso de que se hubiese hecho daño o (en menor medida) si se hubiese perdido el kayak.
Al final rematamos la sesión con las ya habituales cervezas y con unas cuantas reflexiones en cuanto a seguridad de las cuales quiero haceros partícipes a todos los lectores de este blog:
1º) Aunque a todos nos gustan las olas grandes hay que evaluar como rompen ya que cerrojos como los que caían este día no hay cubre que los aguante.
2º) En caso de nadada y más conociendo la playa hay que procurar anticiparse a las corrientes.
3º) Es preferible pasar dos horas en el agua que acabar estampado contra una roca, por lo tanto no intentar subirse a los acantilados (aunque en esta ocasión saliera bien).
4º) Nadie está libre de una nadada, por lo cual todos deberíamos llevar flotación en el kayak aunque algunos lo consideren poco “pro”.
5º) No mosquetonearse a un kayak lleno de agua en medio de olas potentes salvo querer acabar con él de sombrero.
6º) No entorpecerse unos a otros, dividir el rescate del material. Uno a por la pala otro a por las estibas sueltas (calces, botes estancos, reposapiés y demás chuminadas variadas) y uno o dos que intenten empujar el kayak a la orilla pero siempre con posibilidades de separarse rápidamente de él cuando llegue un espumón.
Espero también que la nadada le haya servido a Joaquín para que se tranquilice un poco y reflexione algo sobre lo que hubiese podido pasar.
Salu2
viernes, marzo 09, 2007
Recuperando la forma
Tras recuperarme de la lesión de muñeca pillé un gripazo del quince que me dejó durante otras dos semanas fuera de combate. Con lo cual y exceptuando la entrada a la ola del Belelle suma ya un mes sin palear.
En medio de esta sucesión de infortunios vendí el kayak de slalom y la Charger. Así que me permití el capricho de comprarme un kayak de descenso nuevo. Tras mucho pensarlo y después de consultarlo con uno de los artífices del Big Test de la revista francesa Canoe Kayak Magazine decidí comprar la Dagger Mamba en su talla mediana.
Como os podréis imaginar este fin de semana pasado tenia unas ganas locas de estrenar el “juguete” nuevo, pero por otro lado no quería meterme en berenjenales debido a la falta de forma física generalizada.
Tras hablarlo con Carlos y el Germany decidimos hacer el tramo clásico del Sor, cuya graduación es de III/IV además de ser un río con un paisaje exuberante. Celso en principio también se animaría pero tras sufrir achaque de “Gallinitis aguda” decidió unirse al grupo de Andrés, Joaquin y Juan para hacer la parte fácil. José Miguel sería baja de última hora por causas justificadas.
El domingo por la mañana quedamos ambos grupos en Casa Daniel para distribuirnos a los distintos tramos. Tras tomar algo nosotros subimos hacia el desembarque del tramo alto. Lo primero que observamos fue un nivel de agua bastante alto. Lo siguiente que el sol que nos acompañaba iba dejar paso a unos nubarrones y a una lluvia fuerte y constante.
Dejamos mí furgo en el desembarco y subimos al embarco con la de Thomas. Tras calentar un poco iniciamos el descenso. Los primeros rápidos me sirvieron para tomar contacto con la Mamba, observando que es mucho más nerviosa que la Charger. Por comportamiento y salvando las distancias lógicas esta reacciona de forma más parecida a un kayak de slalom que a un creek puro y duro.
Nos llamó la atención que las últimas riadas habían barrido del río un árbol enorme que había en el embarque. Esto unido a la cantidad de árboles talados que vimos por las orillas hizo que estuviéramos atentos a posibles sifones; Y el primero lo encontramos en un puente formado por tubos de hormigón de los cuales solo se podía atravesar uno ya que el resto estaban impracticables. Curiosamente nos encontramos en un refugio de pesca cercano a una patrulla del Seprona abrigándose de la lluvia.
Pasada la cascada e Augas caídas (afluente) el río gana en desnivel y no tardamos en bajar de la piragua para reconocer un paso formado por un saltito con un rebufo enganchón. Lo abrí yo mientras Thomas me aseguraba, al franquear el paso fallé ligeramente el boof y salí candeleteado pero por suerte en cuanto el volumen de la popa tocó agua este evitó el backloop y no acabé tocando maracas. Carlos no tuvo problemas y nuestro compañero teutón decidió hacer el paso por la derecha evitando el jaleo.
Un pequeño remanso nos separaba del paso más peligroso del río, una rampa en la cual se reparten dos rulos antes de caer a un rebufo peligroso que ocupa toda la anchura del río. Para acabar de aderezar el paso hay una hucha mala de asegurar. El paso lo hizo en su día Aitor Arce con un nivel de agua bastante más bajo. Este domingo se podía hacer por la derecha de todo, pillando una contra mínima antes del último rebufo y de ahí atinar por una estrecha rampa para intentar vencer la retorna. Siendo un grupo de tres era imposible asegurar en condiciones el paso, con lo cual lo porteamos todos sin dudarlo un instante.
Nada más reembarcar nos enfrentamos a una rampa larga y divertida, antes de llegar al final de la misma volvimos a desembarcar para comprobar que no hubiese árboles ya que el desnivel desaconseja la navegación a vista. La navegación de esta sección es un placer tanto por el volumen brutal de agua presente como por la cantidad de olas de reacción que te vapuleaban de un lado a otro.

La rampa larga
El paso de la Chicken Way imponía ya que la mayoría de agua llevaba hacia un rulo gigantesco. Volví a abrirlo yo mientras que mis compis me aseguraban. Cogiendo una buena contra antes de la entalladura no hubo problema en franquearlo. Acto seguido desembarqué para hacer unas cuantas fotos mientras que Carlos y Thomas bajaban.

Carlos en la “Chicken Way”

Thomas tras rematar el paso
Antes de salir de esta zona más exigente nos quedaba un paso formado por una rampa con un desnivel considerable que presenta un rulo “juguetón” a mitad de camino. Normalmente no suele haber problemas ya que o bien se salta el rulo por encima de una gran llorona o bien e atraviesa ya que se viene con cierta velocidad. El primero fue Carlos que optó por esta última opción; el rulo lo mandó con fuerza contra una pared de piedra que hay a la izquierda y allí volcó. Tras varios intentos de esquimo aguas arriba acabó tirando de cubre protagonizando una gran nadada. Yo corrí por la orilla a ver si lo alcanzaba pero lo único que pude hacer fue observar como se alejaba río abajo. Thomas cogió su piragua y tras portear la rampa salió disparado a por nuestro compañero. Yo me pensé salir desde arriba, pero si tenia algún problema estaría solo; así que reembarqué a pié de rebufo. Tras recorrer un buen tramo de río me encontré a ambos en una orilla. Al parecer Carlos había soltado la piragua y le parecía que se había quedado empotrada bajo agua en el medio del cauce. La verdad es que si uno se fijaba bien parecía que había un reflejo verdoso que podía ser la Nomad de nuestro interfecto. Todos nuestros intentos fueron infructuosos y al final decidimos dejarlo por imposible. Thomas prosiguió río abajo ya que le parecía imposible que la piragua estuviese empotrada allí. Yo acompañé a Carlos por el agua mientras el andaba por la orilla. Por suerte al doblar una curva nos encontramos con el germano y la piragua perdida.

Putos madereros :(
A partir de aquí el río se abre un montón y los pasos pierden en desnivel a la vez que en dificultad. La navegación transcurre a través de bonitos trenes de olas hasta el desembarco en Ponte do Porto.

Ponte do Porto
Tras unos bocatas emprendimos el camino hacia la Poza dos Feridos ya que Celso nos había comentado algo de un salto de unos seis metros ideal para hacer un poco de Park n’ Huck. Por desgracia nos encontramos con una cascada infranqueable de más de veinte metros de altura, cuya utilidad no va más allá de hacerla en plan barranco en el verano.
En resumen estoy encantado con el kayak nuevo aunque tengo que acabar de adaptarme a él. También estoy encantado de volver a navegar tras la baja obligatoria.
Salu2
En medio de esta sucesión de infortunios vendí el kayak de slalom y la Charger. Así que me permití el capricho de comprarme un kayak de descenso nuevo. Tras mucho pensarlo y después de consultarlo con uno de los artífices del Big Test de la revista francesa Canoe Kayak Magazine decidí comprar la Dagger Mamba en su talla mediana.
Como os podréis imaginar este fin de semana pasado tenia unas ganas locas de estrenar el “juguete” nuevo, pero por otro lado no quería meterme en berenjenales debido a la falta de forma física generalizada.
Tras hablarlo con Carlos y el Germany decidimos hacer el tramo clásico del Sor, cuya graduación es de III/IV además de ser un río con un paisaje exuberante. Celso en principio también se animaría pero tras sufrir achaque de “Gallinitis aguda” decidió unirse al grupo de Andrés, Joaquin y Juan para hacer la parte fácil. José Miguel sería baja de última hora por causas justificadas.
El domingo por la mañana quedamos ambos grupos en Casa Daniel para distribuirnos a los distintos tramos. Tras tomar algo nosotros subimos hacia el desembarque del tramo alto. Lo primero que observamos fue un nivel de agua bastante alto. Lo siguiente que el sol que nos acompañaba iba dejar paso a unos nubarrones y a una lluvia fuerte y constante.
Dejamos mí furgo en el desembarco y subimos al embarco con la de Thomas. Tras calentar un poco iniciamos el descenso. Los primeros rápidos me sirvieron para tomar contacto con la Mamba, observando que es mucho más nerviosa que la Charger. Por comportamiento y salvando las distancias lógicas esta reacciona de forma más parecida a un kayak de slalom que a un creek puro y duro.
Nos llamó la atención que las últimas riadas habían barrido del río un árbol enorme que había en el embarque. Esto unido a la cantidad de árboles talados que vimos por las orillas hizo que estuviéramos atentos a posibles sifones; Y el primero lo encontramos en un puente formado por tubos de hormigón de los cuales solo se podía atravesar uno ya que el resto estaban impracticables. Curiosamente nos encontramos en un refugio de pesca cercano a una patrulla del Seprona abrigándose de la lluvia.
Pasada la cascada e Augas caídas (afluente) el río gana en desnivel y no tardamos en bajar de la piragua para reconocer un paso formado por un saltito con un rebufo enganchón. Lo abrí yo mientras Thomas me aseguraba, al franquear el paso fallé ligeramente el boof y salí candeleteado pero por suerte en cuanto el volumen de la popa tocó agua este evitó el backloop y no acabé tocando maracas. Carlos no tuvo problemas y nuestro compañero teutón decidió hacer el paso por la derecha evitando el jaleo.
Un pequeño remanso nos separaba del paso más peligroso del río, una rampa en la cual se reparten dos rulos antes de caer a un rebufo peligroso que ocupa toda la anchura del río. Para acabar de aderezar el paso hay una hucha mala de asegurar. El paso lo hizo en su día Aitor Arce con un nivel de agua bastante más bajo. Este domingo se podía hacer por la derecha de todo, pillando una contra mínima antes del último rebufo y de ahí atinar por una estrecha rampa para intentar vencer la retorna. Siendo un grupo de tres era imposible asegurar en condiciones el paso, con lo cual lo porteamos todos sin dudarlo un instante.
Nada más reembarcar nos enfrentamos a una rampa larga y divertida, antes de llegar al final de la misma volvimos a desembarcar para comprobar que no hubiese árboles ya que el desnivel desaconseja la navegación a vista. La navegación de esta sección es un placer tanto por el volumen brutal de agua presente como por la cantidad de olas de reacción que te vapuleaban de un lado a otro.

La rampa larga
El paso de la Chicken Way imponía ya que la mayoría de agua llevaba hacia un rulo gigantesco. Volví a abrirlo yo mientras que mis compis me aseguraban. Cogiendo una buena contra antes de la entalladura no hubo problema en franquearlo. Acto seguido desembarqué para hacer unas cuantas fotos mientras que Carlos y Thomas bajaban.

Carlos en la “Chicken Way”

Thomas tras rematar el paso
Antes de salir de esta zona más exigente nos quedaba un paso formado por una rampa con un desnivel considerable que presenta un rulo “juguetón” a mitad de camino. Normalmente no suele haber problemas ya que o bien se salta el rulo por encima de una gran llorona o bien e atraviesa ya que se viene con cierta velocidad. El primero fue Carlos que optó por esta última opción; el rulo lo mandó con fuerza contra una pared de piedra que hay a la izquierda y allí volcó. Tras varios intentos de esquimo aguas arriba acabó tirando de cubre protagonizando una gran nadada. Yo corrí por la orilla a ver si lo alcanzaba pero lo único que pude hacer fue observar como se alejaba río abajo. Thomas cogió su piragua y tras portear la rampa salió disparado a por nuestro compañero. Yo me pensé salir desde arriba, pero si tenia algún problema estaría solo; así que reembarqué a pié de rebufo. Tras recorrer un buen tramo de río me encontré a ambos en una orilla. Al parecer Carlos había soltado la piragua y le parecía que se había quedado empotrada bajo agua en el medio del cauce. La verdad es que si uno se fijaba bien parecía que había un reflejo verdoso que podía ser la Nomad de nuestro interfecto. Todos nuestros intentos fueron infructuosos y al final decidimos dejarlo por imposible. Thomas prosiguió río abajo ya que le parecía imposible que la piragua estuviese empotrada allí. Yo acompañé a Carlos por el agua mientras el andaba por la orilla. Por suerte al doblar una curva nos encontramos con el germano y la piragua perdida.

Putos madereros :(
A partir de aquí el río se abre un montón y los pasos pierden en desnivel a la vez que en dificultad. La navegación transcurre a través de bonitos trenes de olas hasta el desembarco en Ponte do Porto.

Ponte do Porto
Tras unos bocatas emprendimos el camino hacia la Poza dos Feridos ya que Celso nos había comentado algo de un salto de unos seis metros ideal para hacer un poco de Park n’ Huck. Por desgracia nos encontramos con una cascada infranqueable de más de veinte metros de altura, cuya utilidad no va más allá de hacerla en plan barranco en el verano.
En resumen estoy encantado con el kayak nuevo aunque tengo que acabar de adaptarme a él. También estoy encantado de volver a navegar tras la baja obligatoria.
Salu2
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