sábado, marzo 22, 2008

The Crossmen Creek

NdR: Tras franquear con éxito “A pena do muiño” en el Ulla mítico, algo cambio en el interior de Pepe Runner; fruto de dicha metamorfosis decidió poner en venta la G-Ride y hacerse con la Prijon Cross del Teixugopanadeiro. Aquí comienza la leyenda de Crossmen ;)


Crossmen

La semana santa no podía comenzar peor, con anticiclón y vientos del nordeste que ni auguraba olas ni lluvias. Por suerte ayer cambió súbitamente el clima y a media tarde empezó a llover de forma fina pero sin pausa.


El jueves: Anticiclón :(

A última hora empezaron las llamadas para irnos todos al alto Landro, por desgracia el Germany tenía trabajo, Primoy estaba de vacaciones y Carlos debía andar en búsqueda del cheque bebé ya que no hubo manera de localizarlo. Finalmente optamos por ir el grupo mínimo formado por los Freire Brothers y el que suscribe este relato.

Ya de camino del río y acompañados por una incesante lluvia, nos íbamos dando cuenta que el caudal del Landro no iba a ser comedido. Nuestras sospechas se confirmaron al llegar al desembarco, viendo que el río iba unos cuantos dedos por encima de la referencia del nivel bueno. En otras circunstancias a lo mejor nos hubiésemos animado; pero el grupo era demasiado pequeño, para montar seguridades y aunque tanto Celso y yo sabemos cuidar de nosotros mismos, no podíamos arriesgarnos a que Pepe tuviese que salvarse de un marrón él mismo.

Empezamos a barajar varias opciones, para quedarnos al final con la de abrir la parte superior del Rego dos Coruxos; uno de los afluentes importantes del Landro por el cual accedemos normalmente a este último y del cual nos faltaba por comprobar un desnivel localizado mediante mapas topográficos.

Tras cambiarnos de ropa y el habitual recordatorio para la señorita madre de los cabrones de la minicentral que se está haciendo en este afluente, iniciamos una pateada por caminos hasta llegar al embarque; donde un aborigen nos informó que el río no estaba demasiado cerrado de vegetación y que más abajo había unos “pozos buenos”. Sabía de qué iba el tema ya que su vástago había hecho piragüismo de aguas tranquilas.

La primera sección del afluente no presentaba demasiado interés, aunque no podíamos bajar la guardia por las ramas y la escasez de contras. Otro inconveniente era la contaminación por purines del agua debido a la presencia de granjas río arriba.

Una curva de 90º a derechas marca el comienzo de las alegrías, o mejor dicho las penas porque tuvimos que portear prácticamente toda la rampa debido a que había un sifón de ramas (para el siguiente descenso nos llevamos un machete). Tras embarcar en pleno tomate y franquear un rulito tocaba bajarse otra vez ya que el río se perdía de vista a unos veinte metros. Aquí casi la liamos, al malinterpretar Pepe mi seña de bajarse a mirar el paso y casi se tira pensando que le indicaba que se hacía a vista. Él mismo acabó pateando la orilla derecha mientras que Celso y yo reembarcamos para cambiar de orilla en la penúltima contra antes del desnivel.

Lo que se nos presentó fue un paso que posteriormente quedaría bautizado como “el rampón”, tratándose de un megatobogán formado por distintas plataformas de inclinaciones variadas aderezado con un par de escalones de no más de un metro, casi todos al final del paso. Nos pusimos manos a la obra para limpiar de ramas de escaso diámetro la cuarta sección, empezando por el final, de la rampa para poder librar bien de una marmita, escasa en altura pero con aspecto de ser cabrona. También dispusimos las seguridades y preparamos el plan de acción, consistente en enfrentarse a la rampa hasta llegar al antepenúltimo escalón donde se haría una contra para dar tiempo a los “seguratas” a moverse a la parte inferior dónde había que escoger entre un rebufo a izquierdas o un pequeño drosage a derechas.

Decidí abrir el paso y casi la cago de camino a la piragua ya que pisé en falso, estando a punto de rodar ladera abajo hasta el río, para más dificultades en ese momento empezó a nevar. Una vez en el agua y tras parar en la última contra afronté el paso sin mayores contratiempos salvo una pequeña derrapada en uno de los planos inclinados iniciales corregida antes de llegar a la zona seria. Después vino la parada en la contra el primer cambio de lado y el siguiente para finalizar con un chiclé girando la Mamba en el mismo con la finalidad de no comerse el muro del drosage.

Acto seguido desembarque y a toda mecha hacia arriba para montar la seguridad a Celso y a Pepe (nunca pensé que se atrevería con esta rampa). El menor de los hermanos emuló mi trayectoria tal cual con derrapada incluida. El mayor le siguió pero bordando la línea, llegando sin problemas a mi posición en la contra. Allí le comenté que podía volver a guardarse los ojos en las órbitas, se le veía totalmente extasiado; de hecho si le hubiésemos dicho hace un año que haría un tobogán así seguramente no se lo habría creído. Decidió no hacer el cambio de lado y bajó por una zona con algo menos de agua para pasar del drosage y rematar el paso por el rebufo donde se quedó frenado pero no chapado.

Cuando llegué al final del paso me encontré a Celso vaciando la Cross y a Pepe saliendo del agua, este se había caído desembarcando en una zona llena de espuma provocada por los purines, con las consiguientes risas.

Celso se había cortado en un dedo en una caída cuando iba a montar la seguridad y me pidió el botiquín. Limpiamos con suero e intentamos cortar la hemorragia aplicando las tiritas químicas de dos componentes, pero no había manera. Así que el accidentado me pidió la aguja para suturar dejando a Pepe acojonado. Tras las risas y aclararle que no llevaba nada de eso en el botiquín procedimos a aplicar una gasa estéril con esparadrapo a la antigua usanza y proseguimos el descenso.

Continuamos por una sección laberíntica con mucha piedra y una bifurcación que hicimos por el canal de la derecha. Tras la confluencia de ambos canales tocaba estarse atento ya que la corriente llevaba contra una roca socavada que podría proporcionar un disgusto antes de llegar al colchón que marcaba el fin del paso.

A partir de un pequeño puente el río se abría un poco permitiendo navegar a vista hasta llegar a una rampita seguida de un remanso y una sucesión de tres escalones, el último con retorna de regalo. Abrió Pepe y tras volcar en el segundo escalón tiró de cubre inmediatamente presa del pánico. Por suerte salió del agua antes de llegar al rulo y Celso que venía desde atrás consiguió pararle la piragua en el remanso. Mientras que subía y hacía yo el paso no sé como se le escapó la Cross de las manos a Pepe y se quedó encorbatada justo antes de un salto. Procedí a pillar el material de desempotre (poleas, eslingas y demás) pero al final conseguimos sacar el kayak sin tener que hacer más uso que de la cuerda de rescate, aunque le recordamos al interfecto que las flotabilidades en un creek se hacen imprescindibles.

Ya que estábamos con cuerdas nos libramos de un sifón de árbol que había antes del escalón y Celso abrió el salto que yo en principio no tenía nada claro debido a la presencia de piedras en recepción; aunque al final nos animamos a hacerlo.

Unos pocos golpes de pala nos llevaron al azude de la futura minicentral, nos sorpendió ver la obra casi abandonada. En principio se trata de una presa de escasa altura (no creo que llegase a los dos metros) y ya estaba tanto el canal de carga como la salmonera, de hecho lo único que faltaba para rematar era tapar el canal de desvío que habían hecho para construir la presa. Sabíamos que se había paralizado un expediente de construcción de una minicentral pero ignoramos si sería esta. Habrá que investigar, de todas formas la escasa altura de la misma no va a restar demasiada agua al alto Landro aunque puede joder el tobogán de granito pulido por el cual se accede a dicho tramo.

La presa no fue necesario portearla ya que nos tiramos por el desvío del río sin mayores problemas. Para desembarcar tras una decena de metros por la orilla izquierda teniendo la pista que habían abierto para la construcción de la central como referencia.

El cielo se abrió momentáneamente para darnos unos aplaudidos rayos de sol mientras nos cambiábamos.

Recuperamos el coche de apoyo, cargamos los kayaks y nos fuimos a comer ya que el hambre nos apretaba tras unas cuatro horas de descenso empleadas en recorrer los aproximadamente dos kilómetros de clase IV de este afluente. Que no lleve a engaño la graduación ya que por su continuidad, estrechez y falta de contras hay que anticipar mucho las paradas. El rampón, no sabemos muy bien si dejarlo como un 4+ o directamente un 5. Ya que aunque no hay que ser un Tao Berman para hacerlo, un fallo puede significar un buen topetazo y la sección final con los rebufos y la marmita no son tampoco moco de pavo.

En resumen, este río es otro gran descubrimiento de “nuestra” Serra do Xistral. También nos alegra saber que la posición de la presa de la futura minicentral no jode totalmente el río ya que este tramo se salva. Las condiciones meteorológicas tan duras; en las que se alternaron lluvias, granizadas y nevadas; aportan también su encanto, sobre todo la nieve que no suele ser frecuente en nuestros descensos y aportó un punto de exotismo al mismo.


Rodeados de nieve

Finalmente, toca hablar de Crossmen: es la viva prueba de que un mal kayak en los inicios te puede fastidiar todo el aprendizaje. Ahora libre de los fantasmas de la Alien pienso que vamos a tener en breve, un miembro más de la sección “dura” de nuestro bien nutrido grupo de piragüeros.

Salu2

PD: Siento el no tener fotos del descenso en sí, pero entre la escasez de luz y lo reducido del grupo, ni decidí no meter la cámara en el kayak y de paso ahorrarme algo de peso ;)