Trad.: Os vais a cagar en Cristo
Con esta curiosa expresión fue recibido José Miguel por un aborigen en Viveiró cuando le preguntó por los siete saltos del Silán. Esto sucedió el verano pasado cuando fuimos a patear el alto Landro.
Este sábado le volvimos a dar a este tramo del río, con la novedad de que nos acompañaba Crossmen, el resto del equipo lo formaban Celso, José Miguel y el autor de este relato.
Tras embarcar el río parecía que no iba muy alegre de agua lo cual nos extrañaba con todo lo que había llovido, aunque estando en el nacimiento del mismo se podía entender.
Los primeros pasos evidenciaron que yo tenía el punto de mira torcido, con sendos vuelcos por mordedura de cantos al final de los pasos. La tercera mordedura la sufrió la Mamba sola cuando dejamos ir los barcos por una desviación del río para afrontar el paso del codo desde otra trayectoria a la habitual. Aquí Pepe, volcó y no nadó por encontrar la proa de José Miguel “in extremis”; como bien explicó el interfecto cuando vio la proa de la Micro vio a Dios ;)
El descenso transcurrió tranquilo hasta la primera cascada, que por supuesto me tocó abrir para sacarme la espinita de última vez. En esta ocasión seguí la trayectoria perfecta haciendo un buen boof y evitando “mí” piedra. Celso y José Miguel (por partida doble) también hicieron el paso cayendo en picado en todas las ocasiones pero sin acertar en la piedra. (Debo ser el único que le tiene aprecio).
La rampa que sigue le dio un buen susto a José Miguel ya que aterrizó demasiado cerca de una roca en uno de los cortados. Yo me comí una enganchada en un rebufo al inicio de la rampa saliendo candeleteado pero lo suficientemente controlado como para afrontar todo el paso con garantías.
Pepe volvió a encontrarse con la proa de Dios en el paso anterior al segundo salto, lo cual le minó la moral para hacerlo y le bajé yo la Prijon Cross. Por cierto, una gran piragua que a priori solo le encuentro dos defectos: la ausencia de tabiques (digan lo que digan le hacen falta) y unos laterales muy altos que te dan la sensación de ir enterrado en el kayak; por lo demás tiene un comportamiento muy bueno, sobre todo emergiendo en los saltos, cosa que corroboró también José Miguel.
Cómo a la tercera va la vencida, Pepe acabó nadando en uno de los últimos pasos del alto Landro, tras quedar encorbatado y proseguir la navegación de espaldas y boca abajo.
Unos cuantos pasitos más nos llevarían al desembarco habitual, donde paramos para compartir unas chocolatinas ya que en teoría nos quedaba poco más de un kilómetro de río por abrir. De nuestras exploraciones veraniegas recordábamos unas “tacitas” algún que otro saltito y un sifón de piedras…
Nada más regresar al río, porteamos una decena de metros para no molestar a un pescador y no tardamos mucho en perder el río de vista. Se trataba de un saltito de dos a tres metros que salvo una entalladura en el extremo derecho no presentaba mayores problemas.
Acto seguido venían las tacitas donde tanto José Miguel como yo nos tiramos a por una cuerda que les había caído a los Freire Brothers. Lo primero fueron dos toboganes seguidos de un saltito donde tuvimos que parar y nos encontramos con serios problemas para desembarcar. Conseguimos salir por la orilla izquierda, para avanzar unos cuantos metros y descubrir un chorro de agua bastante potente que llevaba directamente a una marmita, lo que teníamos justo debajo no lo veíamos así que decidimos portear. Para cruzar, me tiré a nado asegurado por Primoy. A Pepe lo paré en una laja en la orilla derecha (la única opción a salir del río) y después fuimos pasando el material. Una vez en la otra orilla descubrimos que el paso era factible haciendo una toma de corriente por el chorro para aterrizar en el exterior de la marmita. Usamos a José Miguel de sonda y viendo que salió ileso le seguimos Celso y yo. Mientras tanto Pepe optó por portear todo el cañón ya que le quedaba alto en graduación.
Lo siguiente, según José Miguel que lo había mirado, era una rampa con un drosaje muy fuerte a la derecha pero perfectamente factible por la izquierda. Lo abrió él, Celso y yo observamos como desaparecía de la línea de horizonte; le seguimos pero nos encontramos ambos con un cortado en la rampa y acabamos ambos chupando las del pulpo, Celso salió peor parado al no llevar coderas y yo caí de lado llevando una buena sacudida.
A unas escasas paladas nos encontramos a Pepe y volvimos a bajarnos del kayak para mirarnos una rampa larga en la cual se estrechaba el río, a la mitad de la misma había un colchón bastante fuerte, en la entrada uno de los sifones más feos que he visto en mi vida seguidos de una sección poco clara y empedrada. Abrió Celso, resolviendo muy bien la trayectoria en el laberinto, hundiendo la proa en el colchón, girándose para tocar maracas en el rebufo y salir al final airoso. José Miguel y yo le seguimos pero sin emular a Machín en el rulo.
A partir de aquí las rampas pierden desnivel y siguen unos doscientos metros de clase III que se navegan de contra en contra hasta llegar a una presa antigua. Ojo con el paso que sigue que tiene un sifón de árbol bastante feo, evitable pero cabrón en caso de fallo. A partir de aquí compensa (de hecho lo hicimos) portear todo ya que el río se bifurca en dos ramas y lo que siguen son una serie de pasos poco claros y otro sifón formado por un árbol enorme. En la reunificación de los dos ramales del río embarcamos para hacer un último pasito y desembarcar justo a pasados un puente antiguo.
A continuación tocó una caminata de media hora trepando por la ladera del monte. Tras salir del bosque (por cierto precioso de árboles caducifolios y suelo bastante limpio), franquear algún que otro cercado de alambre espino llegamos a una zona de prados donde hay que acordarse de cerrar las vallas que se vayan atravesando para evitar que se escape el ganado. Aquí Pepe nos dio una lección ya que subió mucho mejor que nosotros (se nota que está acostumbrado a portear).
El descenso nos llevó en total seis horas y media además del paseito final. No contábamos con una segunda parte tan cañera ya que el cañón es todo clase V y puede llegar a ser muy comprometido en caso de nadada (el que nade lo nada entero). Las seguridades fueron complicadas por lo resbaladizo de las orillas (granito pulido) y la verticalidad de las mismas. De todas formas merece mucho la pena eso sí en el puente de embarque la referencia es el zócalo que hay mirando río arriba a la izquierda, el cual debería asomar sobre una cuarta fuera del agua.
Sabemos que a este río le queda muy poco ya que este verano van a acabar las dos minicentrales y después va a tener que llover con ganas para que se puedan navegar estos tramos :(
El Xestosa ya tiene su presa lista y en estos momentos debe de estar ya funcionando. Parece mentira que se pueda destruir un ecosistema completo como es un río en nombre del desenvolvimiento sostenible que así ni es sostenible ni es nada, beneficiando solo a los constructores y al explotador de la minicentral a través de ayudas por que son ríos que no llevan agua más allá de dos o tres meses al año.
Salu2
viernes, abril 18, 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
2 comentarios:
¿Donde están las fotos?...alucinantes relatos, alucinantes rios que teneis en Galicia... sigue contándonos tus andanzas... te leemos.. al menos en Navarra..
A ver Panxo, cuando cojones piensas actualizar la página?A no ser que tengas las dos manos rotas de algun salto ya vá siendo hora eh?
Un cordial saludo socio!
Publicar un comentario en la entrada