martes, enero 22, 2008

El alto Landro

Tras tener que aguantar a José Miguel hablando de la leyenda de los siete saltos de Silán, tras pegarle una buena pateada en verano por el cauce y tras hacer un primer descenso exploratorio del cual no pude contar nada, por fin le dimos al alto Landro.

El sábado nos juntamos la tropa de siempre a falta de Carlos en Viveiró. Hacía un frío de narices y decidimos echarle un vistazo a la zona alta del Coruxos para ver si valía la pena embarcar en ella. Valer sí que vale la pena pero el caudal estaba escaso y los 60 metros que caía el desnivel en poco más de un kilómetro hacía presagiar un descenso demasiado largo. Así que al final optamos por bajar el tramo ya conocido.

El embarco en el puente del Coruxos por parte de Celso y mía no fue buena idea ya que al poco tuvimos que salir del afluente para portear un sifón de árbol. Thomas y José Miguel prefirieron entrar al río por el molino, embarque tradicional y más recomendable que el que hicimos los otros dos.

El río iba algo justo de agua y los primeros pasos (clase II) se hicieron penosos pero pasados los primeros metros se nos presenta una larga rampa formada por losas de granito pulido recubierto parcialmente de musgo y algún que otro saltito. Este tramito vence un buen desnivel y es de gran belleza a la vez que muy continuo. Con más agua tiene que ser directamente un éxtasis, aunque pobre del que vuelque por que se comerá hostias con patatas hasta llegar abajo.

Al finalizar la rampa el río se estrecha y se cierra, volviéndose ratonero. Tras unos cuatro pasos maniobreros vuelve la calma y los porteos por ramas donde un pequeño escalón nos llevará a la confluencia con el Landro. Con el aporte de éste último, nos encontramos ya en un río con más cauce y caudal.

El primer paso que obliga a parar es una entalladura que obliga a subirse a una losa de granito a la derecha para dejarse deslizar hasta un rulo longitudinal.




Entrada y salida del paso

Mientras pasa Celso, aseguro y saco unas fotos. Seguido viene un paso que da varias opciones, con el agua que teníamos lo más recomendable era hacerlo por la izquierda chicleando hacia el mismo lado para no acabar debajo de una piedra socavada, el paso continua con un pequeño tobogán en curva.



A partir de aquí, el río se convierte en una locura de saltos, rampas y toboganes varios. Destacan entre ellos el paso del codo, formado por un escalón de metro y medio tras una pequeña rampa en S. El agua nos lleva contra una piedra socavada que si no andamos con cuidado golpearemos irremediablemente con el codo.


Celso, saludando ;)

Una cascada de unos cuatro metros antecedida por un tobogán marca el inicio de la sección más cañera del río. La recepción es a piedra quedando un hueco de poco más de un metro libre de obstáculos. El paso lo abrí yo, pero me desvié un poco al chiclear y acabé chupando las del pulpo. El resultado, la proa hundida un puño para dentro, pequeña rotura de fibras en un abductor y una pequeña contractura en la espalda baja. José Miguel también tocó piedra, pero de refilón, mientras que el fenómeno de Celso la bordó ejecutando el salto dos palmos más a la izquierda que el resto. Thomas pasó de comprobar la dureza de su Prijon y porteó (la opción más razonable).


y otra vez el fenómeno

El siguiente paso, es una sucesión de rampa-salto-rampa que es muy divertido. El salto se deberá hacer a la izquierda ya que la recepción también está empedrada. Aquí la coña la tuvimos con José Miguel, que hizo el paso del tirón para que lo grabara el Germany, pero orilló tanto que protagonizó un hermoso balancín mientras el resto nos escojonábamos.


Primoy en una magnífica sección

Sigue una grada desigual que forma una hucha, bien se puede realizar saltando en diagonal al nivel inferior de la misma o chicleando por la izquierda. En esta ocasión todos optamos por saltar desde el lado más alto, aunque Thomas entró algo centrado y rebotó un poco en el nivel inferior.

El mejor paso del río es el siguiente, tratándose de una sucesión de tobogán, salto de tres metros y medio y un estrechamiento que está drosado a los laterales. En esta ocasión abrí, más que nada para quitarme el mal sabor de boca de la cagada en la cascada anterior. El resto me siguió turnándonos en las seguridades.



El río sigue encañonado y regalándonos pasos como una losa perfecta para chiclear antes de estrecharse y perder algo de desnivel.


José Miguel, tirándose un boof

Los últimos pasos recuerdan a los primeros una vez pasados entrados en el Landro ya que son más maniobreros y estrechos. Uno de ellos le gusta en especial a José Miguel ya que después de una rampita en curva viene un escalón que hay que chiclear girando para no acabar dándose de bruces contra un pequeño muro de piedra.

El río mantiene el carácter hasta el desembarco. Sabemos que de él hacia abajo aún hay un kilómetro y medio de pasos lindos y a partir de ahí un cañón muy profundo que por lo que vimos cuando lo pateamos en verano puede tener un par de secciones de clase V+/VI. Para haceros una idea, es como el cañón del diablo del Verdugo pero con mucho más desnivel y sorpresas de la índole de sifones integrales, marmitas cerradas, etc.

El río en resumen es una auténtica gozada de 2,5 kilómetros de clase IV/IV+ (5) que por la cantidad de veces que se pierde de vista o que hay que montar las seguridades lleva sobre las cuatro horas bajarlo. El carácter es diametralmente opuesto a la parte clásica ya que aquí estamos ante un “paso-poza” mientras que abajo el desnivel es menos pronunciado pero los pasos más continuos.

El Germany, se está convirtiendo en el Spielberg piragüero y ha tenido la paciencia de montar un pequeño vídeo, haciendo énfasis en mí hostia (como se las gasta el zampa-bratwursts este ;) )

Por cierto el sábado por la noche lo pasé reparando la proa de la Mamba. Es casi increíble el efecto memoria del PET, con un poco de agua caliente la abolladura desapareció y el kayak vuelve a estar perfecto. No ha habido ni la temida apertura de la punta ni las zonas debilitadas (las típicas estrías blancas) por sobretensión.

Salu2

PD: Algunas de las tomas son del primer descenso, del cual no pude contar nada en este blog ya que había que guardar cierta discreción tanto sobre la fecha como sobre los participantes del mismo.

miércoles, enero 09, 2008

Fallos que prestan

Nosotros seguimos en nuestro propósito de descubrir nuevos ríos por Galicia, siendo más concretos en el norte de la misma que es donde vivimos.

Fruto de este afán nos juntamos el viernes en Ponte Segade Celso, Pepe, Juan, Thomas y el autor para bajar un tramo largo del Sor. Por desgracia, al llegar, comprobamos que había menos agua de la esperada, así que decidimos acortar la distancia saliendo desde la confluencia del Sor con el Rego das Bestas.



A sabiendas de que el desnivel no era brutal, teníamos aun así la esperanza de que hubiese pasos interesantes. Debido a ello, Juan bajó en una de las Exokayak Demon de demostración que nos proporcionó Ondabrava. Por cierto, la piragua en cuestión tiene muy buena pinta y un precio más que interesante.


La Demon

El descenso comenzó a la altura de Ambosores y a las pocas paleadas ya se nos presentó un pasito fácil pero entretenido. Por desgracia la diversión se quedó ahí, ya que el resto del río fue una inmensa sucesión de presas (se pueden hacer todas) y de tramos de clase II unidos por remansos.

De todas formas, el paisaje es en todo momento espectacular ya que el río es cristalino y transcurre por un paisaje de lo más bucólico. Sobra decir que la parada en un refugio para comer tuvo también su gracia. Todo ello quedó recogido en el video grabado por el Germany con su cámara “on board”.

Al final hasta le dimos un par de entradas al rebufo de la presa de Ponte Segade que con este nivel de agua no era demasiado cabrón.


Overbooking en el rebufo

En esto de abrir ríos unas veces se triunfa y se da con un tramo interesante y otras como esta te acabas metiendo 12 km de clase II entre pecho y espalda.

El domingo de reyes no podíamos irnos demasiado lejos ya que la mayoría tenían compromisos familiares. Así que decidimos bajar el Belelle, al cual le faltaba una cuarta escasa de agua para estar a su nivel óptimo.

El tramo que íbamos a bajar no es de especial dificultad pero no deja de ser un pedregal sin opciones para jugar, de ahí que tanto Celso como yo decidiéramos bajar con los creeks. Juan lo hizo con la ZG mientras que Pepe optó por su G-Ride. Este último empezó a preocuparse al ver que Celso y yo mirábamos mucho el paso anterior al “Paso Juan” ya que estábamos mirando de hacerlo por una trayectoria distinta a la habitual.

El descenso transcurrió sin ningún incidente mayor salvo la encorbatada de Celso en una rampa de piedras que requirió la intervención de Juan y mía para sacarle del atolladero (no lo contamos como nadada pero sí como motivo para pagar las birritas).

Pepe se relajó bastante más en esta segunda mitad ya que en la primera entre el desnivel y el volumen de agua que llevaba el río iba un poco tenso.

Desembarcamos en la presa de la piscifactoría donde Celso cambio la Micro por la G-Force para jugar en un pequeño rulo que allí se forma.


Pepe lavando los fuciños


El pequeño de los Freire Brothers ;)

Confirmar que está por fin lloviendo en Galicia, este fin de semana que viene promete :)

Salu2

lunes, enero 07, 2008

Minitest Dagger G-Ride 6.5

Al principio no le encontraba sentido a este tipo de kayaks llamados Allarounders, riverplay o polivalentes. Lo lógico es que para jugar uno se compre una piragua de rodeo y para descender un Creek (o semi-creek). Sin embargo a medida que acumulas kilómetros de río sobre la espalda te vas encontrando situaciones en las que con los actuales kayaks de Freestyle vas vendido y con un creek te aburres. Esto puede ser un Deza fácil o un Ulla mítico con mucho agua, por poner un ejemplo.

Recientemente he tenido la ocasión de probar la G-Ride tanto en río como en mar y aquí os dejo mis conclusiones:

En río, es una piragua muy manejable debido a su escasa eslora, siendo realmente fácil de chiclear y slalomear entre piedras. De todas formas no hay que olvidar que se trata de una piragua basada en un modelo de rodeo y no es lo más apropiado para hacer pasos con desniveles importantes. Para mí, su hábitat se encuentra en ríos de grado III con mucho volumen y algún que otro spot para jugar. El típico sitio donde con la de Freestyle irías justo de navegación pero con alguna ola donde el creek te sobra.

En la mar la velocidad que le proporciona su fondo largo y tendido unido a unos cantos muy suaves hace que sea dócil bajando la ola aunque no se aguanta en pared. Si se marca bien transferencia de cantos no es difícil hacer blunts aéreos e incluso en olas potentes se llegan a sacar Panams. Su volumen en popa impide las temidas engachadas de espaldas cuando te pilla la ola en ese temido punto conocido como “el puto medio”.

Moverla en plano es posible pero laborioso, lo más difícil es mantener una buena verticalidad, en los cartwheels, sobre todo si uno anda por los 70 Kg ya que los 227 litros se hacen notar.

En resumen, es una piragua para los que no necesitan pasar todo el catálogo de figuras de rodeo ni bajar ríos muy abruptos. Para la gente que solo quiere un barco apto para todo sin especializarse en nada. Es decir, lo que se entiende por un kayak polivalente.